Foto: P. Luis Antonio Hernández, S. de J. (extremo izq., con muleta) en un retiro espiritual con sacerdotes de la Diócesis de Azcapotzalco | © Victoriano de Jesús

 

El 6 de febrero, mons. Adolfo Miguel Fonseca Castaño, obispo de la Diócesis de Azcapotzalco, nombró al P. Luis Antonio Hernández, S. de J., vicario general de la Diócesis de Azcapotzalco en México.

El nombramiento del P. Luis Antonio responde a la necesidad de contar con una figura que asista al obispo en la atención de los más de 850 mil católicos que habitan en los 80,8 kilómetros cuadrados que abarca esta diócesis, una de las tres creadas en 2019 tras la división de la Arquidiócesis de México.

 

Diferencias entre un vicario general y un obispo auxiliar

 

En la estructura de gobierno de una diócesis existen dos figuras de colaboración con el obispo que pueden dar lugar a confusión: el vicario general y el obispo auxiliar.

El vicario general es un cargo que puede ser ejercido por un sacerdote sin necesidad de ser obispo. Es nombrado libremente por el obispo diocesano y posee potestad ejecutiva ordinaria, es decir, actúa en nombre del obispo para el gobierno cotidiano de toda la diócesis (CIC 391 §2). Su mandato cesa automáticamente cuando el obispo diocesano deja el cargo y suele encargarse de asuntos administrativos, disciplinares y de gobierno interno.

Por su parte, el obispo auxiliar es un obispo plenamente consagrado con la plenitud del sacramento del orden. Es nombrado por el papa, aunque normalmente a petición del obispo diocesano, y no tiene jurisdicción propia sobre la diócesis sino que asiste al obispo. Su cargo permanece vigente aunque cambie el obispo diocesano, salvo disposición papal en contrario. Puede realizar todas las funciones episcopales como confirmar, ordenar sacerdotes y consagrar iglesias.

Encomendamos al P. Luis Antonio en esta nueva responsabilidad e invocamos la maternal intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe que le asista.

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